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La historia de Yael: del voluntariado en el colegio a coordinar en TECHO


En este mes del impacto social, te traemos historias de personas que empezaron su camino de voluntariado en sus comunidades y que hoy ejercen profesionalmente en esa misma área.


Sus trayectorias nos muestran como un primer paso puede transformarse con el tiempo en una vocación e incluso en una carrera profesional.


Te invitamos a leer sus historias y a llevarte aprendizajes, herramientas y reflexiones que quizás te sirvan para tu propio recorrido. Porque nunca es tarde para dar el primer paso e involucrarte en tu comunidad o en una causa que te movilice.



La historia de Yael


Yael es de la provincia de Misiones y estudió Relaciones Internacionales en la Universidad Católica de Córdoba. Actualmente trabaja como coordinadora de personas en TECHO, una organización presente en toda América Latina que trabaja para superar la situación de pobreza en la que viven millones de personas en asentamientos populares.


Pero antes de llegar a TECHO, Yael ya tenía un largo recorrido detrás. Un recorrido que empezó muy temprano y que según cuenta, tiene una raíz muy clara, que es el deseo de hacer algo con y para las personas.


"La verdad que siempre me motivó querer hacer algo con las personas y para las personas desde Misiones", cuenta Yael. Su primera experiencia de voluntariado fue a los 14 años en el área pastoral de su colegio secundario, que organizaba colectas de ropa y alimentos para llevar a comunidades vulnerables de la provincia.


Aquel primer acercamiento le dejó una huella y le permitió también la posibilidad de conocer desde adentro realidades que muchas veces quedan invisibilizadas.


"El voluntariado me permitió, tanto en mi propia provincia como en Córdoba, conocer Córdoba, conocer Misiones, conocer todas esas realidades, todas las personas que hacen parte de la sociedad y las cosas que pasan en la cotidianidad, que muchas veces no está tan a la vista, o muchas veces uno no le presta tanta atención".



El rol del voluntariado en la elección de su carrera


Esa vocación de servicio también fue determinante a la hora de elegir qué estudiar. Yael cuenta que cuando llegó el momento de decidir su carrera universitaria, la pregunta clave para ella fue: "¿qué quiero hacer con mi vida?".


"Cuando vine a estudiar Relaciones Internacionales, justamente la pregunta que me llevó a elegir la carrera fue: '¿qué quería hacer? ¿Dónde me veía a futuro?'. Y la verdad que lo que más me movilizaba era querer hacer algo por las personas".


Y con esa mirada, apenas empezó la universidad se involucró en varias iniciativas de extensión universitaria.


Participó, por ejemplo, en programas de acompañamiento escolar a niños y niñas en las afueras de la capital cordobesa, donde terminó ocupando el rol de coordinadora. También se sumó al Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), asistiendo en materia de documentación migratoria, y después en el área de Medios de Vida, acompañando a grupos de emprendedores migrantes y brindando asistencia en la búsqueda laboral.


"De estas experiencias me llevé muchísimo aprendizaje y muchísimo contacto con otros profesionales de otras carreras: de administración, de relaciones internacionales, de otras profesiones. Y con otras historias personales también".



Cómo llegó a TECHO


Tras un año en el que decidió tomarse una pausa del voluntariado, Yael empezó a preguntarse qué hacer a continuación. Y en esa búsqueda, TECHO empezó a aparecer por todos lados: en redes sociales, en conversaciones, en su entorno cercano. Así que completó el formulario de interés para sumarse como voluntaria y, en poco tiempo, la contactaron para invitarla a una primera actividad: la construcción de un salón comunitario.


A pesar de las dudas y de no tener experiencia previa en construcción, aquella jornada fue el punto de partida de un vínculo que sigue hasta la actualidad.


"Tenía ganas de ir porque fue un grupo que me alentó mucho, que se sintió muy cálido desde el primer momento. Así que, con un poco de miedo y muchas dudas, fui. La pasé también increíble: éramos muchas personas, de distintas provincias, de distintas carreras, de distintos lugares, pero todos con el mismo propósito y compromiso, con las mismas ganas de hacer algo".


Poco tiempo después se abrió la vacante de Coordinación General de Personas para la sede de Córdoba de TECHO, y Yael decidió postularse. Tras un proceso de selección, obtuvo el puesto y hoy trabaja formalmente en la misma organización en la que había empezado como voluntaria.


"Fue una alegría poder trabajar en un lugar donde ya ocupaba un rol como voluntaria. Me encanta la organización, sé de lo que se trata, conocía también a quienes hacen parte del equipo, tanto voluntarios como coordinaciones".




Cómo elegir un voluntariado


Cuando le preguntamos cómo eligió sus distintos voluntariados a lo largo de los años, Yael comparte una idea que sirve como guía para quienes están empezando:


"Si uno tiene ganas de estar en un lugar, ganas de hacer algo, lo mejor que puede hacer es ir y probar. Y después de ese día, de ver cómo es el lugar, qué cosas se hacen, tomar una decisión en base a cómo uno también se siente. Pero bueno, apostar a que también es un poco una transformación personal".


Además, menciona que el voluntariado no es solo un ejercicio de dar hacia afuera, sino también un espacio donde uno se transforma a sí mismo.


"Los voluntariados no son solamente ir para estar con las comunidades y poder trabajar en conjunto para dar soluciones a las problemáticas. También uno se transforma personalmente. Uno aprende un montón de habilidades, o incluso descubre un propósito que no sabía que tenía".



Las habilidades que ganó


Yael destaca que gracias a sus años de voluntariado adquirió una gran cantidad de aprendizajes, tanto técnicos como humanos.


Por ejemplo en el Servicio Jesuita a Migrantes, aprendió sobre desplazamiento forzado, procesos migratorios, trámites y documentación, y también sobre el uso de herramientas prácticas como planillas de Excel para la gestión de datos.


Pero es en las habilidades blandas donde ella pone el mayor énfasis:


"Creo que lo que capaz uno no aprende sino estando en esos espacios son las habilidades blandas: estar con personas, charlar, hacer entrevistas, la escucha activa. También la comunicación asertiva. En TECHO aprendí muchísimo, también enfocado en liderazgo, e incluso en la resolución de conflictos".


Además, menciona que la red humana en estos espacios también es clave en este aprendizaje y desarrollo:


"Uno aprende muchísimo estando en contacto con otras personas: no solamente los vecinos de los barrios o el grupo de emprendedores, sino también los demás voluntarios y las personas de las organizaciones. Eso también es una muy buena red de contactos, red de aprendizaje, que también se convierte en una red de amigos. Y eso es muy valioso".




Tips de Yael para quienes están por empezar o quieren aprovechar su experiencia de voluntariado


Después de casi una década sumándose a distintos espacios, Yael tiene claro lo que le diría a alguien que está pensando en empezar su primer voluntariado:


"En primer lugar, le recomendaría a cualquier persona lo que venía haciendo hincapié: si uno tiene ganas de hacer algo, que vaya y lo haga. Que lo pruebe, con dudas, con miedo, pero que descarte las ideas después de haber estado en esos espacios. Por algo uno siente ese llamado a ir, a hacer algo, a ser parte de un voluntariado".


También destaca que el voluntariado puede tener muchos puntos de partida distintos: hay quienes se acercan por convicción social, otros por ganas de conocer gente nueva, y otros por curiosidad. Y todas esas motivaciones son válidas.


"En el voluntariado hay personas que llegan con un montón de objetivos: hacer algo por la comunidad, conocer otras personas, socializar, hacer nuevos amigos. Córdoba es una ciudad donde hay muchos estudiantes, muchas personas de muchos lugares, así que es una gran oportunidad".


Y finalmente, otro consejo clave que da Yael es el de la participación activa: sumarse a las cosas, animarse a proponer ideas, no quedarse en el rol pasivo del "voluntario que solo cumple".


"Hay que aprovecharlo al máximo. Lo veo en TECHO: participar de todo lo que uno pueda. Si tiene curiosidad, preguntar; acercarse a las personas. Si uno tiene ideas, también decir esas ideas, estar seguro de lo que propone y de las iniciativas que impulsa".



Si querés conocer más historias de personas cuyos caminos y trayectorias puedan inspirarte, te invitamos a visitar nuestra sección de testimonios y entrevistas, donde compartimos experiencias de becarios, profesionales y referentes que al igual que Yael eligieron construir su camino con propósito.

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