Entrevista: Vivir, enseñar y aprender en Francia - la historia de Paula Magurno
- Fundación Pharos

- 12 nov
- 12 Min. de lectura

Vivir y trabajar en otro país no es solo una aventura: es una experiencia que transforma tu forma de ver el mundo. Así que si te apasionan los idiomas y la enseñanza, el programa de Asistentes de Español en Francia puede ser la oportunidad que estabas esperando.
El Ministerio de Educación de la Nación y la Embajada de Francia en Argentina ya abrieron la convocatoria para estudiantes argentinos/as de nivel superior que quieran desempeñarse como asistentes de idioma español en instituciones educativas francesas durante ocho meses.
Por eso, tanto si ya conocías el programa y estás pensando en aplicar, como si simplemente te da curiosidad saber de qué se trata, te invitamos a leer nuestra entrevista con Paula Magurno, contadora y profesora de francés, quien fue seleccionada para participar del programa entre octubre de 2024 y mayo de 2025.
Nos contó cómo fue el proceso de selección, su experiencia en Francia, lo que aprendió y sus recomendaciones para quienes están pensando en postularse.
Para empezar, contanos un poco sobre vos ¿Qué te motivó a postularte al programa de asistentes de idioma?
Mi nombre es Paula, soy de Córdoba capital, tengo 31 años. Soy contadora, estudié en la Universidad Nacional de Córdoba y siempre me gustó el francés. Desde que tengo 16 años estudio, nunca a nivel universitario: hice cursos, estudié de manera autodidacta, con profes particulares, pero nunca dejé de estudiar. Eso fue básicamente lo que me motivó a hacer la experiencia. Estudiar una lengua no es solo agarrar un libro para aprender a hablar; siempre me dio curiosidad ir y conocer la cultura, que es lo que encierra un poco la lengua.
¿Cómo fue el proceso de postulación? ¿Qué pasos tuviste que seguir?
En este programa podés aplicar siendo estudiante del profesorado o de la licenciatura en francés, o podés venir de otra carrera nada que ver.
Sé que para los que sí son de la Facultad de Lenguas, ellos pasan por una entrevista, y los que no, no pasamos por una entrevista ¿Por qué pasan por esa entrevista? Porque a ellos les dan una beca que los ayuda con el transporte, para el vuelo. Tienen otro proceso de selección.
En cambio, los que no, los que éramos de otras carreras, simplemente teníamos que enviar toda la documentación por mail y después recibías una primera respuesta, que eras preseleccionado. Ahí te hacían elegir a dónde querías ir, a la región. En realidad eso no es superseguro, depende de la disponibilidad que haya, si en esa región pidieron asistente o no. Pero bueno, tienen en cuenta tus preferencias y, si es posible, las respetan.
¿Podés aplicar a ciudades específicas o como funciona la elección de la región?
No, solo se elige la región. En orden de prioridad elegís tres, y una vez que hacés eso te piden que indiques si querés una gran ciudad, una ciudad mediana o un pueblo. Esas dos cosas te hacen elegir.
¿En qué región estuviste vos y cómo tomaste esa decisión?
Yo no quería una gran ciudad, porque generalmente es más cara y también buscaba más tranquilidad para el día a día. Pero un pueblo tampoco te conviene mucho, porque estás mal conectado y no podés visitar muchos lugares… te aburrís también.
En mi caso me enviaron a la región de Bretaña, que era mi primera opción. A mí no me gustan los lugares tan turísticos, y Bretaña es un poco más tranquila. Depende mucho de la personalidad y de los gustos de cada uno. Antes de decidir, investigué bastante: miré muchos videos de YouTube que mostraban distintas ciudades. Bretaña tiene paisajes muy lindos y no es tan turística.
Y el hecho de que no haya muchos turistas te obliga sí o sí a relacionarte con franceses. Si vas a comprar algo, te van a hablar en francés. Yo vivía en una ciudad, Lorient, que no era un pueblo, pero tenía vida de pueblo.

¿Cómo fue tu llegada a Francia?
Yo llegué primero a España. Ya me había contactado con una chica que también era asistente, y eso lo recomiendo muchísimo: buscar grupos de WhatsApp, de Facebook, e ir relacionándote con gente que va a hacer lo mismo que vos. Te sentís más acompañada; por ahí una está muy nerviosa y la otra persona te puede entender. Para mí ella era una desconocida, pero empezamos a hablar por WhatsApp y terminamos coordinando para ir juntas: ella desde Colombia y yo desde Argentina.
Hay que tener en cuenta que siempre va a haber imprevistos. Cuando llegué a Madrid, yo no había comprado ni roaming ni datos, y el wifi del aeropuerto no andaba. Entré en desesperación, porque dije: “¿Cómo hablo con esta chica?”. Pero hay que recordar que siempre va a haber alguien para ayudarte. Vi a una chica con pasaporte argentino y fui ahí nomás y le dije: “¡Ayudame!”. Así que eso: mantener la calma y no tener vergüenza de ir a preguntar o pedir ayuda. Va a pasar en todos lados, y siempre va a haber alguien predispuesto. A veces una se siente sola, pero hay gente dispuesta a ayudarte.
De ahí me fui a Rennes (la capital de Bretaña) en bus desde Madrid. Fue muy duro: fueron como veinte horas, después de trece horas de vuelo. Y ya en el bus empecé a sentir el choque cultural. Primero, escuchar otra lengua: ya te choca, y eso que una sabe el idioma. Pero no entendés completamente, te sentís un poco perdida. Y después, el trato de la gente fue lo segundo que me impactó. Fue feo, sentí miedo al principio.
Acá una está acostumbrada a leer entre líneas a la gente, sabés cómo se mueve, cómo habla, qué esperar de cada persona. En cambio, allá, al ser todo diferente, te da miedo, te genera desconfianza. Eso me pasó en ese primer viaje.
¿Con quién pueden contactar los participantes al llegar a su destino? ¿El programa ofrece algún punto de referencia o persona de contacto inicial?
En este programa te asignan una profesora del liceo donde vayas a trabajar, que es con la que vas a estar siempre en contacto. Esa persona está para ayudarte y guiarte. Está bueno porque, en mi caso, como iba de asistente de español, era una profesora de español, entonces te podés comunicar tranquila en tu idioma.
Ha pasado que otros amigos tuvieron experiencias distintas. Por suerte, la profe que me tocó era muy buena onda, pero otros tuvieron profes que eran más escuetas: vos les preguntabas algo y te respondían lo justo y necesario. Pasa eso, y no siempre va a ser color de rosa. Pero bueno, tenés esa persona para apoyarte un poco.
En la mayoría de los colegios también hay otros asistentes, y cuando no funciona con la profe, te apoyás en ellos, que están en la misma situación que vos. Una nunca está sola.
Ellos (los organizadores del programa) no te ponen directamente en contacto con los otros asistentes, pero sí recibís la lista de todos los elegidos, incluyendo los de tu país. Yo empecé a buscarlos por Facebook, por Instagram, y les hablé a todos. De hecho, yo hice el grupo, porque dije: “No puede ser que no estemos en contacto, nos podemos reayudar”. Siempre, obvio, con cuidado, sin entrar a cualquier página. Pero está bueno poder armar esa red con gente que está pasando por lo mismo que vos.
¿Cómo era tu jornada en la escuela?
Era muy poca carga horaria, porque eran doce horas semanales. Es muy poquito. Y además está bien pago, porque te pagan el salario mínimo, así que para la cantidad de horas está superbién. Por día eran tres horas como mucho.
Mi rol era ser asistente. La realidad es que uno no tiene que dar clases, porque es asistente del profesor titular. Esto igual cambia dependiendo del profesor. En mi experiencia, yo fui fiel a mi puesto, porque también depende de uno: de los límites que pone y de lo que quiera. Por ahí algunos chicos que estaban estudiando el profesorado aprovecharon para dar clases, y les sirvió muchísimo. Pero la realidad es que uno es asistente. Vos estás ahí para los chicos cuando están haciendo una actividad: vas pasando, los ayudás, los corregís.
También participás de los eventos que organicen. En mi escuela, por ejemplo, hicieron la Semana de Argentina y otro día hicimos una jornada de gastronomía argentina, eventos que yo me encargué de organizar. En los exámenes también ayudaba a la profe. Algún tema puntual sí lo llegué a explicar en clase, pero siempre con la profe ahí; no es que te van a dejar sola con todo el grupo de alumnos.
A veces también pasa que dividen al grupo: te vas una media hora con algunos alumnos a otra aula, con una actividad ya armada. Ahí sí estás sola, pero son solo unos minutos y con la mitad del curso. Igual hay otras experiencias en las que los asistentes sí dieron clases completas, pero depende mucho de los límites que uno impone.
¿Te dan alguna capacitación para este puesto?
La única capacitación que hay es una online, pero es más bien sobre la burocracia: la organización del colegio en Francia, cuáles son tus responsabilidades, ese tipo de cosas. Pero no hay nada en cuanto a pedagogía; eso lo aprendés directamente allá.
Y sí, fue duro. En mi caso, tener que pararme frente a adolescentes hablando su idioma, pero mal (porque una se puede comunicar, pero no es nativa), fue todo un desafío. Además, los adolescentes tienen su propio lenguaje, hablan entre ellos y muchas veces no les entendés. Entonces, aprovechan un poco de eso también, como cualquier chico en la escuela. Así que hay que aprender a manejarlo, y no es fácil.
¿Cómo manejaste el tema del presupuesto?
Yo me demoré muchos años en postularme porque uno piensa que es imposible ir a Europa, vivir 7 meses y manejar todo, como si fuera algo muy lejano. No voy a negarlo: al principio tenía miedo de que no me alcanzara el dinero.
Pero lo bueno de este programa es que tenés un sueldo fijo todos los meses. En algunos casos te dan alojamiento sin costo o cobrando un mínimo. Para quienes no tienen la beca del transporte, es importante tener la plata para el vuelo, pero con eso y un poco de dinero para los primeros días hasta cobrar el primer sueldo, ya estás en condiciones de hacerlo. No hace falta juntar un montón de dinero. Obviamente, no vivís como millonario, pero como argentino, ya estás acostumbrado a adaptarte, y si vas abierto a acomodarte, la pasás bien. Yo incluso pude viajar por Europa, buscando los pasajes con tiempo. La plata no te falta si planificás un poco.
Una cuestión a tener en cuenta es que no podés trabajar en otras cosas aparte de tu puesto como asistente: la visa que te dan es específicamente para asistentes y no permite trabajar en otra actividad.
También a la hora de planificar el presupuesto, hay que contar con la validación de la visa en los primeros 3 meses, tras la llegada, que sale 200 euros. Pero bueno, ahí dentro de los 3 meses ya vas a haber cobrado sueldo, así que lo podés pagar con eso.
Otro detalle: tenés que ir a Buenos Aires a la Embajada de Francia con toda la documentación, tramitarla y retirarla. Esto no tiene costo, pero sí hay que cubrir los gastos del viaje a tu cuenta. A veces los asistentes se ayudan entre ellos, pero ese es un gasto que hay que prever.
¿Cómo se organiza el alojamiento para los asistentes?
Depende mucho de dónde te toque. Algunos colegios tienen alojamiento propio; en mi caso, me tocó un lugar al lado del liceo, así que era muy cómodo. Otros colegios están más lejos y tenés que moverte con transporte. Y hay casos en los que no hay alojamiento proporcionado, así que tenés que buscarlo por tu cuenta.
Es un poco como una lotería, pero siempre hay apoyo: la profesora que te asignan puede recomendarte lugares donde se han quedado asistentes de años anteriores. No te piden depósito ni otras garantías, porque al ser asistentes no aplican esas condiciones.
Además, existe una ayuda llamada CAF para quienes alquilan, que te ayuda a cubrir parte del alojamiento. Esta CAF depende de cada región, así que pueden variar algunos detalles, y es importante tener en cuenta que no siempre está disponible para todos los casos. Básicamente, tenés que subir tu contrato de locación, visa y validación y completar el trámite. A mí me demoró muy poco; hay gente que no tuvo tanta suerte y casi lo recibe cuando ya se estaba yendo. En esos casos fue un reembolso del alquiler de todos esos meses.
Yo lo hice online, y lo recomiendo porque así evitás problemas que pueden surgir si vas presencial. Por ejemplo, yo pagaba 300 euros de alquiler y me devolvían 180, o sea que terminaba pagando 120 euros. También recomiendo preguntar a los colegios si están inscritos en la CAF, porque tienen que estarlo. Si no, podés buscar otra opción, ya que una vez que estás allá, ya no hay vuelta atrás.
¿Cuáles fueron las cosas o momentos que más te gustaron de esta experiencia?
Una de las cosas que más me gustó fue poder mostrar mi país y representarlo. Por ejemplo, un día organizamos un partido de fútbol en el patio y les regalé camisetas de Argentina. Me encantó ver cómo descubrían mi país. A veces ni siquiera sabían que existía Argentina, así que no era tanto por el aprendizaje del español, sino por dejarles un pedacito de nuestra cultura.

Y después, fuera del trabajo, conocí gente de muchos países, no solo de Francia. Hice amistad con personas de México, del Congo que vive en Estados Unidos, y de India. Eso fue lo que más me gustó: conocer otras realidades. Es muy loco darte cuenta de cómo funcionan las cosas en otros países y, al mismo tiempo, aprender a valorar lo que tenemos en el nuestro. Nos pueden faltar muchas cosas, pero hacer esa comparación te abre la cabeza y te das cuenta de que existen otras formas de vivir, otras realidades que a veces son mejores o peores. Más allá de conocer lugares que me encantaron, para mí eso fue lo mejor.

¿De qué manera sentís que esta experiencia te ayudó a crecer profesionalmente?
Darte cuenta de que existe otro mundo, que no solo es tu país o tu provincia, sino gente con otras realidades, te ayuda a entender muchas cosas. En lo profesional, es muy enriquecedor. Al principio uno no lo nota tanto; yo me sentía inútil en el colegio porque no estaba haciendo un rol activo. Pero después te das cuenta de que te ayuda mucho: aprendes a pararte frente a adolescentes, a hacerte respetar, a manejar la espontaneidad de una clase.
Además, dar clases y aprender el idioma es algo que no se aprende solo en una academia, sino viviendo el día a día en otro país. Esta experiencia me abrió la cabeza para dedicarme a nuevas cosas y me hizo sentir mucho más confiada. Ahora doy clases presenciales y online de francés y de español a francófonos, y la verdad es que me siento supercapaz, porque ya viví allá y ya sé cómo manejarme en distintas situaciones.
Para cerrar, ¿qué consejos le darías a alguien que está por preparar su aplicación?
Son varios pasos. Por ahí lo que más lleva tiempo es la carta de motivación. Es un documento que hay que armar con cuidado y a conciencia. Mi recomendación es que lo hagan con tiempo para poder trabajarlo tranquilo. Yo, por ejemplo, lo empecé un año antes, aunque con seis meses también alcanza; lo importante es que no sea algo hecho a las apuradas. Hacerlo con tiempo también te permite investigar la región a la que querés ir y planear con calma, porque elegir por elegir puede hacer que después la experiencia sea menos disfrutable.
También es importante leer bien todas las indicaciones. No se trata de destacar exageradamente ni de tener algo “extra” para que te elijan, sino de seguir los pasos y cumplir con lo que piden. Hay gente que no lee y manda cualquier cosa, y después se sorprende si lo rechazan. No hay que dejarse llevar por la paranoia de “no me van a recibir por tal cosa” ni por los prejuicios o experiencias negativas de otros. La clave es: bajar a la realidad, leer a conciencia, cumplir los requisitos y dedicarle tiempo a la carta de motivación.
La carta no se hace de una sola vez. Yo la escribí, la releí a la semana, cambié cosas, y también se la mostré a alguien con experiencia: en mi caso, a una profesora de francés, porque la carta debía estar en español y francés. Algunas cosas que decís en español no se transmiten igual en francés, así que conviene revisarla con alguien que tenga esa perspectiva.
Un tip importante: este programa busca personas que quieran llevar su cultura y promoverla de vuelta en Argentina, no quedarse en el país de destino. Eso es algo que debe reflejarse claramente en la carta. Y no se limiten a pensar que si no son profesores o estudian algo relacionado no los van a elegir. Lo más importante es tener ganas de ser un embajador o embajadora de tu país y de promover su cultura.
Sobre la convocatoria 2026 – 2027
Es importante tener en cuenta que existen dos llamados distintos:
Primer llamado: dirigido exclusivamente a estudiantes de profesorado de francés o a profesores de francés graduados que estén cursando otra carrera (de grado o posgrado) y que, por lo tanto, puedan presentar una constancia de alumno/a regular vigente al momento de la postulación. Este llamado estará abierto del 27 de octubre al 9 de diciembre de 2025.
Segundo llamado: dirigido a estudiantes de nivel superior (grado o posgrado) de cualquier disciplina, en institutos superiores o universidades de gestión estatal o privada. Este llamado estará abierto del 9 de febrero al 24 de marzo de 2026.
Te interesa aplicar o estás en proceso de planificar tu partida? Entonces esta información es clave para vos.
Te invitamos a leer nuestro artículo exclusivo sobre este programa, donde te contamos más acerca de los requisitos, los beneficios y algunos aspectos importantes a tener en cuenta antes de aplicar.
Información oficial sobre el programa: https://www.argentina.gob.ar/educacion/campusargentinaglobal/becas-extranjero/ministerio-gobiernofrancia
Grupos de Facebook para participantes del programa latinoamericanos:
