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Conocé la historia de Tania: Becaria del programa de Formación de Líderes Latinoamericanos


El Programa de Formación de Líderes Latinoamericanos de la Fundación FAES busca potenciar el liderazgo de jóvenes de América Latina, de entre 25 y 35 años, con el objetivo de fortalecer los vínculos entre Europa y nuestra región. Con más de 25 años de trayectoria, representa una oportunidad única de formación en Europa.


El programa se desarrolla de manera 100% presencial durante una semana, con actividades en Bruselas (Bélgica) y Madrid (España), y la beca cubre todos los gastos. A lo largo de la experiencia, los participantes asisten a clases, charlas magistrales y visitas a instituciones reconocidas tanto en el ámbito nacional como internacional, como el Parlamento Europeo.


Desde Pharos te acercamos la historia de Tania, becaria del programa en 2024. Es licenciada en Gobierno y Relaciones Internacionales y actualmente cursa una especialización en Estudios sobre China Contemporánea en la Universidad Nacional de Lanús. Además, se desempeña como consultora senior del área de movilidad global brindando asesoría a individuos dentro de EY GDS Argentina.


En esta entrevista comparte cómo fue su experiencia en el programa, cómo vivió el proceso de postulación y algunos consejos para quienes estén pensando en aplicar.



Para quienes no conocen la beca, ¿Podrías contarnos en qué consiste el programa?


Es una beca que, si recuerdo bien, arrancó a principios de los 2000. Así que ahora estamos alrededor de la edición número 24 o 25, que se va a realizar este año. Es una iniciativa pensada para que personas de Latinoamérica, no solo de Argentina, sino de distintos países de la región e incluso de Portugal, puedan participar en actividades vinculadas a España y a la Unión Europea.


La Fundación FAES es una organización española que está presidida por el expresidente de España, José María Aznar. Luego de terminar su mandato, él mantuvo muchos contactos internacionales que ayudaron a seguir impulsando iniciativas vinculadas a fortalecer los lazos entre Latinoamérica y Europa. Así que el objetivo central del programa es justamente seguir fomentando esas relaciones entre ambos continentes.


¿Cómo te enteraste de la convocatoria? 


En mi caso, yo me postulé en la edición de 2024, que fue la número 22. Encontré esta oportunidad a través del departamento de Relaciones Internacionales de mi facultad, donde hice mi carrera de grado: la UADE (Universidad Argentina de la Empresa). Yo me recibí en pandemia, a fines de 2021, pero todavía estábamos en un formato bastante híbrido, lo cual limitó las oportunidades de participar en este tipo de iniciativas vinculadas a mi carrera.


Muchas de estas oportunidades te piden que estés todavía cursando los últimos años de la carrera o que seas un graduado reciente. Cuando yo me postulé ya tenía dos o tres años de recibida, así que en muchos casos ya no entraba dentro de la categoría de “graduada reciente”, lo que limita bastante algunas postulaciones.


Cuando vi esta oportunidad, le escribí al departamento de Relaciones Institucionales e Internacionales de la universidad. Me enviaron la información, revisé los requisitos y pensé: “Okay, entro dentro del perfil”. 


El curso está pensado para jóvenes líderes y aborda temáticas vinculadas no sólo al sector público, sino también al sector privado. Eso me pareció muy interesante, porque muchos programas de liderazgo suelen estar orientados solo a uno de los dos sectores, o te piden una cantidad mayor de años de experiencia.


Cuando me postulé yo tenía alrededor de dos años de experiencia laboral, y me resultó súper útil desde mi lugar en el sector privado. Yo trabajo en el área de movilidad global, y entender cómo se analiza la situación internacional desde distintos sectores me pareció muy valioso para después poder aplicarlo en mi trabajo.


De hecho, uno de los ejemplos que mencioné en mi carta de motivación fue que muchos hechos de impacto internacional o político también terminan afectando al sector privado. Por ejemplo, la invasión de Rusia a Ucrania. Ese tipo de situaciones también impacta en las empresas: limita servicios, operaciones o presencia de compañías en ciertos lugares, y obliga a reorganizarse para poder seguir brindando servicios.


Entonces pensé: “Esto me interesa para ampliar mi mirada sobre cómo se analizan ciertas temáticas desde la Unión Europea y poder aplicarlo después en mi trabajo”. También desde una perspectiva cultural, porque los latinoamericanos y los europeos muchas veces tenemos formas distintas de relacionarnos.


Entender cómo piensa la otra parte te ayuda mucho, tanto en el ámbito laboral como en el personal. En mi caso, por ejemplo, yo trabajo brindando servicios, y la atención al cliente y el aspecto humano son fundamentales. Poder comprender mejor esas diferencias culturales también mejora la forma en que te relacionás con la otra persona.


Ahí mencionás algo muy importante: la relevancia de las habilidades interculturales en el mercado laboral actual.


Si, a nivel intercultural, algo que aprendí mucho tanto en mi trabajo, donde interactúo con distintas oficinas del mundo, como Asia, Europa, Estados Unidos e incluso otras oficinas de Latinoamérica, es que cada país o región pone énfasis, desde el lado de las habilidades blandas, en determinadas actitudes interpersonales.


Entonces, saber entender cómo abordar a la otra persona hace que la comunicación sea más amena, no solo a nivel laboral, sino también en la relación con tu par. Para mí, por eso, la experiencia era súper valiosa.


En mi caso, yo ya había aplicado a varias becas a nivel local o regional, pero nunca había ,como dice el dicho “cruzado el charco”. Entonces pensé: “Okay, vamos a ver, arriesgarnos; si se da, se da.”


En esta convocatoria, además de estar recibido, entre los documentos a presentar hay una carta de motivación, una carta de recomendación y un ensayo ¿Nos querés contar un poco sobre el ensayo que hiciste, cómo lo estructuraste y si tenés algún tip para quienes estén interesados en postular?


Sí. En mi caso, cuando empecé a preparar el ensayo, justo estaba también preparándome para el ingreso al ISEN, así que ya venía bastante “coucheada” con el tema de escribir ensayos. Tenía más o menos claro qué cosas tener en cuenta al momento de estructurarlo.


Lo primero que hice fue elegir un tema sobre el que me sintiera cómoda hablando. En mi caso, escribí sobre las relaciones entre India y América Latina. Sé que no es un tema muy usual, pero justo en ese momento yo estaba trabajando con el uso de metáforas para los ensayos del ISEN.


Entonces decidí abordarlo desde el lado de los dioses como metáfora de las relaciones comerciales. En India los dioses tienen un peso muy importante, no solo a nivel cultural sino también político. Me pareció interesante utilizar esa idea y conectarla con los dioses precolombinos de Iberoamérica.


Además, es un tema que también me atraviesa bastante a nivel personal. Yo soy descendiente de pueblos originarios: mi papá es descendiente de collas, es de La Quiaca, y mi mamá es de Paraguay. En mi familia se habla guaraní; de hecho, mis abuelos lo hablan de manera fluida y hablan muy poco español. Entonces me pareció que era una buena forma de combinar algo más personal o sentimental con un análisis más técnico.


Cuando empecé a escribir el texto, en un momento pensé: “O me la estoy jugando mucho o estoy haciendo un desastre.” Pero decidí arriesgarme. Pensé: “Bueno, voy a intentarlo, y si les gusta, buenísimo.”


Algo que para mí fue muy importante fue hacer revisar el ensayo por personas con perfiles distintos, para ver si realmente se entendía. Por ejemplo, se lo mandé a mi ex profesora de ensayos, con quien me había preparado para el ISEN, y a ella le fascinó el texto. Después también se lo mostré a mi papá, que no tiene formación en relaciones internacionales. Para mí era útil ver si alguien fuera del área también podía entenderlo.


Ese sería uno de los principales tips que daría, no solo para esta beca sino para cualquier ensayo académico: intentar que lo lean personas de distintos ámbitos. Si alguien que no tiene todo el contexto puede entender lo que estás diciendo, entonces el texto está bien logrado.


Creo que eso es de lo más valioso cuando uno escribe: que el texto sea claro y legible, y que pueda ser entendido incluso por quienes no vienen del mismo campo. Al final, creo que ese es uno de los objetivos más importantes de la escritura.


Acá también aparece algo interesante que se puede rescatar de tu experiencia: animarse con el tema. Es decir, apostar por la creatividad y no pensar tanto “¿qué van a pensar si escribo esto o aquello?”, sino confiar en aquello que realmente motiva o inspira, porque animarse a desarrollarlo puede terminar dando muy buenos resultados, como en tu caso.


Claro. También puede salir muy mal, pero creo que la clave está en animarse y arriesgarse, porque el no ya lo tenés. Entonces es mandarse y ver cómo resulta todo.


Después, desde la organización me dijeron que el ensayo les había gustado mucho y pensé: “Bueno, menos mal.” La verdad es que yo había puesto muchísimo esfuerzo revisándolo.


¿Cuánto tiempo te tomó hacer el ensayo?


Yo creo que habré tardado entre una y dos semanas. La parte sobre las relaciones entre América Latina e India ya la había investigado antes, cuando estaba preparando temas de cultura general, así que eso lo tenía bastante presente.


Lo que sí me llevó más tiempo fue entrelazar el tema de las historias y los mitos, y lograr que todo tuviera coherencia sin caer en un estiramiento conceptual. Entonces me tomé un tiempo para ir conectando bien las ideas.


Le hice varias revisiones: chequeé que todo estuviera claro, que el argumento fuera coherente y que estuviera incluida toda la información que pedían. Justo además me había tocado un fin de semana largo, así que aproveché para leerlo, releerlo y asegurarme de que estuviera todo en orden: el CV, las recomendaciones y el ensayo.


De hecho, el ensayo fue lo último que terminé, porque lo revisé y lo volví a revisar varias veces antes de enviarlo.


Y con respecto a las cartas de recomendación, es algo que suele generar dudas en muchas personas al momento de postular. En tu caso, ¿A quiénes les pediste las recomendaciones?


En esta convocatoria te piden una sola carta de recomendación. En mi caso, pedí tres, porque traté de incluir personas de distintos ámbitos.


Primero pedí una recomendación en mi trabajo formal, que es EY. Le pedí a mi manager que me escribiera una carta de recomendación. Después pedí una carta en la universidad, ya que ellos fueron quienes me pasaron la información de la beca y, además, yo había hecho trabajo de investigación en la facultad cuando estaba cursando mi carrera de grado. Entonces me pareció un lugar adecuado para pedir otra recomendación.


La tercera carta la pedí en la organización en la que estaba participando en ese momento. Yo era copresidenta general de una organización llamada Softpower, así que le pedí a mi otra copresidenta que me escribiera una carta.


Esto no fue por una lógica de “cuantas más, mejor”, sino más bien para que pudieran ver distintas facetas mías como líder. Como la beca está dirigida a líderes latinoamericanos, me pareció interesante que pudieran observar cómo me desenvolvía en distintos espacios: en el ámbito profesional, en el académico y también en una organización.


Entonces lo pensé desde ese lado al momento de presentar las cartas.


Claro, lo pensaste estratégicamente: qué puede sumar cada recomendación a tu perfil cuando te estás presentando ¿Y tuviste que pasar por un proceso de entrevista también? ¿O defender tu ensayo?


En mi caso no hubo entrevista. Yo mandé todos los documentos y desde la organización dijeron que iban a revisar todas las postulaciones y que, una vez terminado el proceso, iban a enviar los correos de aceptación.


Durante ese período la verdad es que estaba bastante ansiosa, porque habían dicho que las cartas de aceptación se iban a enviar dentro de un plazo determinado. El período ya había empezado y yo veía que no llegaba nada.


Entonces pensé: “Okay, no quedé.” Y dije: “Bueno, otra vez será.” Después supe que en realidad se habían atrasado un poco con el proceso de selección.


Me acuerdo perfecto del momento en que llegó el mail. Yo estaba en una reunión de trabajo, en la oficina, con la cámara prendida. Eran entre las ocho y las nueve de la mañana. De repente veo una notificación en el celular, miro y decía carta de aceptación.


Y yo estaba ahí, en plena reunión. Mis compañeros me preguntaban: “Tania, ¿estás bien?” Y yo: “Sí, sí, estoy bien.” Pero la verdad es que no sabía ni cómo reaccionar.


Además, yo solo le había contado que estaba aplicando a las personas que me habían hecho las cartas de recomendación y a quienes me habían ayudado a revisar el ensayo. Nadie más sabía que me había postulado. Así que en ese momento tampoco podía decirle nada ni a mi familia ni a mis amigos.


Me acuerdo que se me escapó un mini gritito, pero por suerte la oficina estaba bastante vacía. Y pensé: “Bueno, esta no es una noticia para dar por mensaje.”


Así que después reuní a mi familia y les dije: “Bueno, les tengo que contar algo.” Ellos empezaron a tirar todo tipo de opciones tratando de adivinar, menos que había ganado una beca.


Cuando finalmente se los dije, mis papás me abrazaron, lagrimearon, se emocionaron un montón. Fue un momento muy lindo y muy emocionante.


¿Qué tipo de gastos cubre la beca durante el programa?


Es una beca muy inclusiva, porque cubre prácticamente todos los gastos, salvo las cenas. Te cubren el pasaje, las valijas, el hotel, el desayuno, el almuerzo, las excursiones, las visitas y el transporte. Básicamente, está todo incluido.


Creo que ese es uno de los puntos más importantes de esta beca, porque permite que personas de distintos orígenes y sectores económicos puedan postularse sin sentirse limitadas.


Sobre todo para quienes somos de Latinoamérica, donde viajar a Europa puede resultar muy caro. Entonces el hecho de que la beca cubra casi todos los costos hace que realmente sea una oportunidad accesible para mucha más gente.


¿Fue un programa 100% presencial?


Sí, el programa es completamente presencial. El viaje dura aproximadamente una semana y todo sucede durante ese período.


De hecho, a tus compañeros los conocés recién ahí. La información sobre quiénes participan y cómo está conformado el grupo la recibís muy pocos días antes de viajar, creo que dos o tres días antes. Entonces al principio estás un poco con la incógnita de: “Okay, ¿quiénes más van? ¿Hay participantes de otros países?” Estás un poco sin saber con quién te vas a encontrar hasta último momento.


Algo que también me pareció muy destacable es la organización y el acompañamiento. Desde el momento en que ponés un pie en Bruselas, o en la ciudad donde comienza el programa, el equipo ya se encarga de todo. Te pasan a buscar, te acompañan y están pendientes de que todos estén bien.


Durante todo el programa van chequeando constantemente que todo esté en orden: que nadie tenga problemas de salud, que todos estén cómodos, que la logística funcione bien. También están muy atentos al tema de la seguridad y la documentación, por ejemplo revisando que todos tengan sus pasaportes en regla.


Esto me pareció especialmente importante porque algunos participantes venían de contextos políticos más delicados en sus países. Entonces se nota que hay un cuidado especial para garantizar la seguridad y el bienestar de todos los participantes durante el programa.


¿Cómo fue tu experiencia compartiendo el programa con los otros miembros de la cohorte?


La verdad es que recién te empiezan a comunicar quiénes van a participar unos tres días antes de viajar. Te mandan un archivo donde aparecen todos los seleccionados, de qué país son y un pequeño resumen de su CV.


En mi caso, cuando me postulé tenía 25 años y cuando viajé tenía 26. Y la verdad es que yo me sentía bastante chica. No tanto por la edad, sino por el perfil de las personas que participaban. La camada en la que estuve tenía profesionales impresionantes: gente que había trabajado en el Banco Mundial, personas que habían sido convencionales constituyentes, asesores de presidentes… Había perfiles realmente muy destacados.


Becarios 2024 de la fundación
Becarios 2024 de la fundación

Entonces al principio estaba bastante maravillada con la calidad de las personas que iban a participar, no solo a nivel profesional sino también a nivel humano. Cuando los conocí, confirmé que eran personas espectaculares también en lo personal.


Con muchos de ellos todavía sigo en contacto. Seguimos intercambiando mensajes y, de hecho, a algunos incluso los fui a visitar a sus países. Varios ahora están viviendo en Europa, en España e Italia, porque están haciendo másters, pero muchos otros siguen viviendo en distintos países de Latinoamérica.


Por ejemplo, el año pasado fui a visitar a varios compañeros que viven en Chile.


La verdad es que se generan vínculos muy lindos. Nos saludamos para las fiestas, nos felicitamos cuando alguien logra algo importante… Se armó un grupo muy lindo y fue una de las cosas más valiosas que me dejó la experiencia.


¿Cuáles fueron las cosas que más te gustaron de la experiencia o que te sorprendieron, que no te lo esperabas?


A nivel del grupo humano, creo que fue algo muy especial. Los latinoamericanos tenemos mucho esa idea de hermandad, y se notó muchísimo. No nos conocíamos y ya la primera noche parecía que éramos amigos de toda la vida.


En mi caso, por ejemplo, fui de las primeras en llegar. Salí a recorrer un poco y empecé a cruzarme con algunos de los otros participantes en el ascensor del hotel. Cada uno tenía su propia habitación —al menos en mi edición todos teníamos habitación individual—, así que al principio todo era un poco una incógnita. Yo pensaba: “Okay, ¿cómo será esto? ¿Con quién me voy a encontrar?” Soy una persona muy curiosa, así que quería saber todo.


De a poco nos empezamos a cruzar en el ascensor o en los pasillos. Ya teníamos un grupo, pero todavía nadie se animaba mucho a escribir o a romper el hielo. Hasta que en uno de esos encuentros alguien dijo: “Che, ¿y si vamos a comer algo juntos esta noche?” Y ahí arrancó todo. Lo pusimos en el grupo y terminamos saliendo varios.


Si no recuerdo mal, éramos unos 20 en total: siete chicas y trece chicos. Con las chicas nos hicimos muy amigas y andábamos para todos lados juntas, riéndonos todo el tiempo.


En un momento yo pensaba: “Esto es como un viaje de egresados.” Porque estábamos todo el día con actividades y después igual salíamos a recorrer la ciudad como si no hubiéramos estado despiertos desde temprano.


Las jornadas eran largas. Las clases empezaban alrededor de las 8:30 o 9 de la mañana y terminaban cerca de las 6 de la tarde. Eran muy interesantes, pero también demandantes. Y además había que sumarle el tema del cambio horario, así que requería bastante energía. Pero aun así, después de todo el día, igual salíamos a caminar, conocer lugares y seguir compartiendo con el grupo.


¿Cómo era la modalidad de las clases y las charlas durante el programa?


La modalidad era un mix. Tenías, por un lado, conferencias y presentaciones de expertos, y por otro lado visitas institucionales. Eso sucedía tanto en Bruselas como en España.


Becarios visitando el medio de comunicación "El Mundo"
Becarios visitando el medio de comunicación "El Mundo"

Por ejemplo, algunas actividades eran en el Martens Centre, que es un think tank vinculado al EPP, y otras clases se realizaban directamente en el Parlamento Europeo. Eso para mí fue algo que me impactó muchísimo. La primera vez que entré pensaba: “No puedo creer que estemos acá.”


Tuvimos dos o tres días de clases dentro del Parlamento Europeo, generalmente durante la tarde. Además, el Parlamento apoya bastante esta iniciativa, lo cual está buenísimo. Sobre todo para quienes venimos del área de relaciones internacionales, porque de repente te das cuenta de que estás dentro del órgano de integración regional más grande del mundo.


Me acuerdo de estar tomando café en una taza del Parlamento Europeo mientras escuchábamos a europarlamentarios hablar sobre su trabajo, sobre políticas energéticas, inteligencia artificial o distintos temas de política pública. Incluso en una de las charlas hablaron de tecnología, que justo coincidía con el tema de mi tesis de posgrado sobre conflictos tecnológicos, así que aproveché para hacerle un montón de preguntas al expositor.


Tania en el Parlamento Europeo
Tania en el Parlamento Europeo

Lo interesante es que no solo aprendés la perspectiva local, sino también cómo se piensa la política y las relaciones internacionales desde Europa. Muchas veces uno cree que todo va a ser muy parecido o muy “occidental”, pero hay diferencias importantes en cómo ellos analizan y racionalizan la política.


Además, las charlas eran muy participativas. No era una clase tradicional donde alguien habla y los demás solo escuchan. Siempre dejaban espacio para preguntar, debatir y compartir opiniones. Eso hacía que las discusiones fueran muy enriquecedoras, porque cada participante venía con contextos y experiencias distintas.


De un mismo tema podían surgir muchas miradas diferentes, y no se trataba de que una estuviera bien y otra mal. Eran opiniones distintas, todas válidas, y se generaban debates muy respetuosos y enriquecedores.


Otro aspecto que me sorprendió mucho fue el cuidado que pusieron en la experiencia cultural. En las comidas, por ejemplo, nos llevaron a lugares espectaculares —incluso algunos restaurantes con estrella Michelin— y la idea era que también pudiéramos conocer la gastronomía y la cultura de los lugares que visitábamos.


Además, hacia el final del programa hay un encuentro con José María Aznar, el expresidente de España, para cerrar la semana. En la edición en la que yo participé también estuvo su esposa, que fue la primera mujer alcaldesa de Madrid.


Eso fue muy interesante porque yo, a nivel personal, no conocía mucho sobre la política local de Madrid. Escucharla hablar sobre su experiencia, especialmente sobre el rol de las mujeres en posiciones de liderazgo, fue muy enriquecedor. Ese encuentro se dio en un cóctel de cierre del programa, donde compartió algunos consejos y reflexiones sobre su trayectoria.


La verdad fue una experiencia muy interesante poder escuchar de primera mano a personas con ese nivel de experiencia y responsabilidad pública.


Para cerrar, ¿hay algún consejo o reflexión final que te gustaría compartir con quienes estén pensando en postular?


Sí, creo que hay algunas cosas importantes para quienes estén pensando en postular.


Una es el armado del CV. No solo para esta beca, sino para cualquier convocatoria. Es importante pensar cómo organizar las actividades que uno hizo y preguntarse: ¿qué partes de mi experiencia se relacionan con esta beca? o ¿qué aspectos puedo resaltar que tengan conexión con lo que propone el programa?


Lo mismo pasa con la carta de motivación. Hoy en día hay muchísimas convocatorias y muchas personas aplican, entonces es importante mostrar cómo el conocimiento que vas a adquirir en esa beca, curso o seminario se conecta con tu trayectoria o con lo que estás haciendo actualmente.


En mi caso, por ejemplo, yo trabajo en el sector privado, así que traté de explicar cómo lo que iba a aprender en el programa podía aplicarlo en mi trabajo. Esa es una pregunta que aparece mucho en distintas becas: ¿cómo vas a aplicar el conocimiento que vas a adquirir en tu vida profesional o académica? Entonces creo que es algo clave de explicar bien en la carta de motivación, porque puede ser lo que te diferencie de otros postulantes.


También está el tema del inglés. En este programa, por ejemplo, las actividades en España eran en español, pero en Bruselas algunas sesiones eran en inglés. No te piden necesariamente un nivel súper avanzado o un certificado específico, pero sí es importante tener un buen nivel de comprensión para poder seguir las charlas sin necesidad de traducción.


En mi caso no tuve problema porque trabajo en inglés, pero tenía compañeros que quizás no tenían certificados formales y aun así pudieron participar porque tenían un buen nivel de comprensión. Así que no es algo que debería frenar a alguien automáticamente de postular.


Y finalmente, algo que me parece muy importante es no tener miedo a postularse. Muchas veces uno duda o piensa que no va a quedar, pero la realidad es que el “no” ya lo tenés si no aplicás.


Entonces creo que lo mejor es animarse. Si no se da, habrá otra oportunidad, otra beca o otro programa. Pero quedarse con la duda de qué hubiera pasado si te postulabas es algo que, en lo personal, creo que uno debería tratar de evitar.


Además, hoy existen muchas becas que justamente buscan acompañar a personas de distintos contextos, así que tampoco hay que limitarse pensando en el tema económico. Muchas oportunidades están pensadas para que más personas puedan acceder.



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