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Entrevista: de la idea a la acción, la experiencia de Agus en la Escuela Federal de Desarrollo del CFI


Si te interesan las políticas públicas, la innovación y el desarrollo productivo, si trabajás tanto en el sector público como en el privado, y estás buscando un espacio donde puedas desarrollar habilidades prácticas y concretas, el programa Escuela Federal para el Desarrollo del Consejo Federal de Inversiones (CFI) podría ser justo lo que estás buscando.


Este programa de 7 meses busca brindar a jóvenes graduados con vocación de liderazgo de toda la Argentina herramientas para el desarrollo de políticas públicas basadas en evidencia. El programa es híbrido e incluye talleres y clases magistrales online, así como visitas presenciales a empresas, organizaciones y polos productivos de la provincia de cada participante, y la Semana de Integración Federal en Buenos Aires, con todos los gastos cubiertos (tras cumplir los requisitos de aprobación).


Para conocer más sobre esta oportunidad única, desde Pharos entrevistamos a Agus Bonatti, quien tuvo la oportunidad de ser becaria del programa en su edición 2025.


¿Nos podes contar un poco más sobre vos y a que te dedicas?


Mi nombre es Agustina Bonatti. Soy licenciada en Relaciones Internacionales y maestranda en Política y Economía Internacionales por la Universidad de San Andrés. Hoy me estoy dedicando más de lleno a la internacionalización de gobiernos locales, que es un tema que me encanta. También hago alguna que otra consultoría, pero en realidad mi labor es un popurrí entre comunicación política, gestión de proyectos y actividad administrativa.


Hace un tiempo trabajé como pasante en la Unidad de Comercio Exterior del Mercosur. También fui asesora del área social en el Servicio Jesuita a Migrantes, involucrada en seguridad humanitaria: hospitalidad y asistencia directa a personas migrantes. Por último, estuve en una función más administrativa y de investigación en el Instituto Federal de Gobierno de la Universidad Católica de Córdoba.


¿Cómo es que te enteraste de este programa del Consejo Federal de Inversiones?


Bueno, eso fue muy loco porque el año pasado, en febrero, participé en la Escuela de Verano que organiza la Universidad de San Andrés con la Embajada de Estados Unidos. Y una de mis compañeras me dijo que iba a aplicar al Programa de Gestión para el Desarrollo y me animó a aplicar con ella.


Justo hacía 15 días que me había quedado sin trabajo y pensé: “Che, no sé, yo no tengo trabajo, capaz en vez de dedicarme a algo académico tendría que dedicarme a algo más relacionado con la actividad laboral.” Pero ella me dijo: “No, dale, nos sumamos juntas.”


Cuando vi el programa, lo que más me gustó fue que tenía el desarrollo de la profesión en el área privada, que era algo que yo no había experimentado ni tampoco me imaginaba cómo podía hacerlo. Más allá de comercio exterior, no sabía qué podía hacer un licenciado en Relaciones Internacionales dentro de las políticas públicas pensando en el sector privado.


Entonces dije: “Bueno, si va a ser un espacio y un año de reinvención, aplicamos y vemos qué pasa. Lo peor que puede pasar es no quedar.” Así que junté la documentación, pedí las cartas de recomendación correspondientes, y por suerte, salió.


¿Cómo fue el proceso de postulación?


Este año cambió un poquito el proceso. Lo que nosotros teníamos que hacer era llenar el formulario, subir ahí el CV y la carta de motivación, aparte de otros datos, y enviar una carta de recomendación que sea (idealmente) del lugar donde estabas trabajando en ese momento.


Después, a medida que se desarrollaba el proyecto, entendí por qué. Esa carta yo la hice con mi superior del lugar donde justo había dejado de trabajar. Cuando comencé con mi nuevo trabajo, era un poco complicado que ellos entendieran que había fechas en las que no iba a estar disponible. Por eso me parece importante que tu jefe sepa desde un inicio que vas a formar parte de este proceso. Si bien no hay tantas instancias presenciales, algunas son en épocas en que todas las organizaciones están con los pelos de punta.


Por otro lado, para el proceso de selección advierten que hacen entrevistas, pero éstas se llevaron a cabo solo hacia ciertas personas: la entrevista era para quienes aplicaban siendo oriundos de una provincia distinta de la que querían representar. Por ejemplo, yo tenía una compañera que era de Catamarca pero hacía diez años que vivía en Córdoba, y aplicó por Córdoba; y otro compañero que hacía varios años estaba en Córdoba pero era de La Pampa. Entonces, la reunión era para justificar por qué estás aplicando por Córdoba y no por La Pampa.


Sin embargo, este año veo que hay entrevistas y evaluación, así que es otra instancia aparte del formulario y la carta de recomendación, que yo no tuve que pasar.


Respecto a la  carta de recomendación del empleador ¿Qué pasa con una persona que se recibió hace poquito, que no está trabajando y no ha trabajado aún, pero está en una organización como voluntario o voluntaria por ejemplo? ¿Contaría una carta de recomendación de ese tipo?


Esa carta suma 100%. De hecho, una de mis compañeras estaba estudiando ingeniería, ya había rendido todas las materias, le quedaba solo la tesis, le hizo la carta el director de tesis y pudo ingresar sin problemas. Era, de hecho, la más chica y la única que no había finalizado oficialmente la carrera o, mejor dicho, que no tenía experiencia laboral en su campo de estudio.


Por supuesto que la experiencia te suma. Ella fue la única entre 20; la mayoría ya estábamos trabajando, y muchos teníamos de 24 años en adelante. Creo que tener experiencia te da más chances, pero si no la tenés, no te deja afuera: podés aplicar igual.


¿Sabés cuántos quedaron en total entre las diferentes provincias? 


En realidad, en la Semana de Integración Federal, es decir, los que terminamos el programa, eramos más de 350 personas de 23 provincias de Argentina. Pero el número por provincia depende de cuántas personas apliquen y también del apoyo que haya a nivel del gobierno provincial con el Consejo Federal de Inversiones.


Por ejemplo, en Córdoba aplicaron entre 100 y 120 personas, y el número definitivo que accedió al programa fue de 20. Esto tiene que ver con un porcentaje basado en la cantidad de aplicaciones: mientras más personas apliquen, más chances hay de que los grupos provinciales sean más grandes. Es una cuestión de representación.


Con respecto al programa, el mismo incluye diferentes modalidades, desde seminarios online hasta visitas presenciales a distintas provincias ¿Podrías contarnos un poco más cómo funciona este seminario en la práctica? Por ejemplo, ¿cómo son las clases: son semanales, cuántas horas duran, y hay trabajos o tareas que se deban hacer fuera del horario de clase?


El programa tiene una organización compleja, pero cuando lográs entenderlo, te das cuenta de que es muy completo. En realidad, es como que, sin querer, vas pasando etapas. Para llegar al final, tenés que cumplir con un cierto porcentaje de asistencia a las clases, a los seminarios, y después también hay talleres, debates y las jornadas de integración. Además de terminar tu proyecto de política pública.


La mayor parte del programa corre online y es a través de clases magistrales, que se dividen en diferentes ejes relacionados con la producción de políticas públicas, qué políticas se han implementado y cuáles son los próximos desafíos. Por ejemplo, en la última parte vimos temas como las industrias creativas, que es una puerta nueva dentro del área de políticas públicas de Argentina.


En ese sentido, lo central y a lo que le dedican mayor tiempo son a las clases magistrales. Pero a veces no había clases magistrales y se llevaban adelante los talleres de políticas públicas. Se trató de entre 7 y 8 encuentros, los cuales duraban unas dos horas, generalmente los miércoles entre las 5 y las 7 de la tarde.


En estos talleres trabajabas en tu proyecto, que era uno de los requisitos para finalizar el programa. Parte del taller consistía en una introducción de 45 minutos sobre la metodología (ellos trabajan con design thinking), y luego, en la hora y cuarto restante, hacías el trabajo correspondiente a la consigna del día. Siempre quedaba algo para hacer de manera asincrónica, y tenías entre una semana y diez días para entregarlo. Además, cada participante tenía una tutora asignada, por provincia, que te orientaba sobre cómo mejorar tu proyecto según el área en la que estabas trabajando.


El proyecto de política pública se desarrollaba a partir de diferentes ejes que proveía el CFI: vinculación tecnológica y economía del conocimiento, innovación del Estado, planificación y hábitat, gestión del medio ambiente, y cadenas de valor locales, que fue donde participé junto a mi equipo.


También había seminarios de liderazgo: fueron tres y se hacían más hacia el final del programa, cuando ya estabas más enfocada en cómo presentar tu política pública. Además, tuvimos los debates federales, que fueron tres al igual que los seminarios. Así, ibas cumpliendo con diferentes requisitos.


En las clases magistrales, había que tener aproximadamente un 80% de asistencia para poder llegar al final. En los talleres, también había un porcentaje mínimo de asistencia, pero lo más importante eran las entregas en tiempo y forma. En los seminarios de liderazgo, había que asistir a dos de los tres. Y en los debates federales, la asistencia se contabilizaba de manera grupal: por ejemplo, si el grupo de confección de política pública tenía siete integrantes, al menos tres debían conectarse para acreditar la asistencia del equipo completo.


A lo largo del programa hubo dos jornadas de integración provincial, que fueron presenciales y tenían como objetivo conocer parte del sector productivo de la provincia. La idea era que te sumaras; no era opcional. Una vez cumplidos todos los requisitos, te daban la beca para la Semana de Integración Federal, que se hacía en Buenos Aires.


De todas formas, las dos jornadas provinciales presenciales que tuvimos antes de la Semana de Integración duraban dos días cada una, y también contaban con la beca del CFI, que cubría los gastos.


¿Cómo funcionaban las jornadas presenciales para los becarios que vivían lejos? ¿Les asignaban alojamiento, comidas, transporte, o tenían que organizarlo por su cuenta?


La primera jornada empezó la tarde del jueves, más o menos a las 5 p.m., donde tuvimos charlas y paneles con gente de la provincia en la ciudad de Córdoba y, luego, cenábamos todos juntos. A quienes no tenían dónde ubicarse en la ciudad, el CFI les asignaba un hotel con desayuno.


El segundo día se llevó adelante en la zona metropolitana de la ciudad. Una traffic nos pasaba a buscar, hacíamos un par de visitas a empresas, almorzábamos y cenábamos juntos, y daba por finalizada la primera jornada.


La segunda jornada la hicimos hacia el lado de San Francisco. Primero visitamos Punto Campo, luego Arcor, Savant Pharm, y terminamos en el Parque Industrial de San Francisco. Pasamos la noche allí, y al otro día fuimos a Cocinas Florencia y Manfrey, almorzamos y emprendimos el regreso.



Ahí, como ya era un traslado para todos, el CFI nos organizaba la comida y el alojamiento. Fue distinta a la jornada de Integración Federal, porque como éramos muchos, nos pasaban el dinero y nosotros lo teníamos que administrar durante los días que duraba la jornada. Sin embargo, teníamos que rendir cuentas de los pasajes y el alojamiento. En caso de no cumplir con la semana de integración, debías devolver el dinero.


¿Qué nos podés contar sobre tu experiencia en la Semana de la Integración en Capital Federal?


Fueron tres días. Empezábamos los primeros días a las 9 de la mañana. El primer día fue más que nada de networking: por la mañana trabajamos con algunas dinámicas para conocernos con gente de otras provincias, con distintas formas de agruparnos para poder charlar entre todos, variedad de consignas y preguntas.



Por la tarde se organizó una especie de debate, como los debates federales online pero en vivo, donde había al menos un representante de cada una de las provincias presentes. Al final, los compañeros de cada comisión elegían quién los representaba para colaborar con un escrito final en donde se resumía lo que se había conversado en las ocho comisiones de debate. 


Luego, dentro de ese subgrupo, se escogieron a cuatro personas para que comentaran el resumen de las comisiones durante el segundo día de la jornada y yo tuve el honor de ser una de las elegidas. Fue una linda experiencia, en donde trabajamos mucho con el resto del equipo para hacer una presentación dinámica, clara y que impacte.



Con respecto al proyecto, ¿Existe alguna instancia en la que puedas presentar esta política  a alguien que potencialmente pueda llevarla a la práctica o que pueda inspirar a otros a implementarla? ¿Recibís algún tipo de apoyo después del programa o se trata más bien de un ejercicio práctico?


La idea del programa es que salgas con una política pública lista, o lo más lista posible. Al menos en términos de lo que ofrece el programa, después competís contra tus compañeros de provincia. Nosotros en Córdoba, nos dividimos en tres grupos, por lo tanto había tres proyectos distintos en diferentes áreas: yo era parte de cadenas de valor locales, después estaba innovación y, por último, transformación del Estado.


Una vez que mandás tu proyecto, tenés que hacer un video pitch cumpliendo con los requisitos que pide el programa. Ese video se presenta en una instancia donde te observan colegas de otras provincias; va a estar tu tutor, la referente territorial y alguien que haga la vinculación dentro del territorio. Por ejemplo, nosotros trabajamos bastante con Procórdoba, que acompañaba estas jornadas presenciales. Allí presentás tu video, y luego te hacen preguntas sobre lo que haya quedado pendiente en tu presentación de política pública.


A los dos días aproximadamente te avisan qué política de cada provincia fue seleccionada. En nuestro caso, nuestra política no quedó: habíamos hecho un programa para la digitalización y capacitación del sector maicero en la provincia de Córdoba, enfocado sobre todo en el sureste de Etruria. De todas formas, nos sirvió mucho, porque recibimos feedback de parte del equipo del CFI: nos explicaron por qué no habíamos sido seleccionados, qué retoques necesitábamos hacer a la solución, y dijimos: “Che, pero nosotros lo queremos aplicar igual.” Así que empezamos a pensar cómo pulirlo.


Además, tuvimos entrevistas con un legislador y con algunos medios: un diario de Río Cuarto publicó sobre el programa porque había dos chicas de esa ciudad participando. También nos dijeron que cuando tengamos la política terminada, se la enviemos. Entonces creo que, si bien el programa está pensado para elegir un ganador por provincia y dar premios a nivel nacional, en realidad, a través de las entrevistas y la red de contactos, si tenés gente interesada, podés buscar la forma de implementarlo.


Ahí es clave dedicar mucho tiempo a los talleres de política pública. Esto, junto al trabajarlo durante varios meses y con fechas separadas, te da tiempo para hacer muchas entrevistas y conocer a mucha gente que “está en el paño”. En nuestro caso, tuvimos reuniones con la Cámara Argentina del Maní, con gente de Prodeman, y también con Manisur, que es una empresa más pequeña del sureste cordobés. Además, hablamos con un legislador que cuando fue intendente impulsó de sobremanera el sector en la provincia.


Eso te permite llegar a personas que realmente tienen interés en tu proyecto. Por ejemplo, ahora la gente de la Secretaría de Innovación de la provincia de Córdoba abrió una postulación de proyectos, les preguntamos si les interesaba el nuestro, y dijeron que sí, que lo armemos y lo presentemos. Entonces hay oportunidades, y además, cómo te tenés que centrar en tu provincia, la provincia también genera oportunidades adicionales.


Respecto a la metodología para el proyecto grupal, ¿Ellos te dan lineamientos específicos?


En realidad, se centraron bastante en análisis documental y entrevistas en profundidad; eso era un requisito. No exigían tanto: mínimo 2 entrevistas, máximo 3 o 4. Entendían el tema del tiempo, que no depende 100% de nosotros, sino de la disponibilidad de los entrevistados.


Nosotros estábamos trabajando en un sector bastante grande, pero había otros compañeros que trabajaban en sectores más chicos, como la industria aeroespacial en Córdoba, que es un cluster bastante nuevo. Entonces no te van a exigir 10 entrevistas si no tenés a quién entrevistar.


Y la tutora siempre estuvo muy predispuesta, diciendo y recordando: “Yo estoy para acompañarlos.” Realmente quería ser parte del proceso.


¿Fue muy complicado para vos poder coordinar este programa con el trabajo? ¿Alguien que trabaja full time puede hacer este programa?


Como todo programa y toda formación, requiere un esfuerzo extra. Y ese esfuerzo se puede sostener con la motivación y la vocación hacia estas cosas, de otra manera no hay chances. Pero más allá de eso, yo creo que se puede hacer.


El horario de las clases era de 5 a 7 de la tarde, un horario que depende del lugar es la comodidad: en Córdoba capital, las personas ya se estaban desocupando, o al menos estaban en los últimos minutos de trabajo que permiten conectarse. En ese sentido, creo que era bastante accesible. Distinto en los pueblos, que en horario de la siesta se corta la actividad, entonces en ese rango horario estás trabajando.


Con respecto a las entregas, para mí lo bueno era que formamos equipos grandes. Por ejemplo, en las entrevistas, podía pasar que la contraparte diga: “Yo solo puedo a las 11 de la mañana”. Y bueno, todo el mundo trabaja a esa hora, pero uno podía escaparse media horita y entrevistar.


Creo que la clave está en tener buena comunicación con el equipo para poder ir avanzando. Y, en ese sentido, hacerlo funcional, en este sentido, si había cosas que eran parte de la metodología pero que capaz no habías trabajado en entregas anteriores, pero alguien del equipo gestionaba proyectos, era importante que esa persona lleve adelante esa tarea. Si había alguien que se dedicaba al fundraising y había que hacer, por ejemplo, un presupuesto, sabía cómo hacerlo y era lo que le tocaba. Tratábamos de hacer todo lo más eficiente posible.


Mirando tu experiencia en retrospectiva, ¿qué le dirías a alguien que está dudando en aplicar? ¿Por qué recomendarías este programa?


Creo que lo principal —pero esto es muy personal— es entender la importancia de trabajar de manera conjunta lo público y lo privado. Ahí debemos poner el foco.


Pienso que la máxima duda, por ahí, no es tanto si uno tiene el conocimiento suficiente, sino más bien: “Yo no sé nada de gestión energética”, porque eso es muy de nicho y del sector privado, y yo trabajé más con personas en situación de vulnerabilidad. O al revés, alguien dice: “Yo estoy todo el tiempo en una empresa pensando en cómo generar ingresos, pero no tengo idea de cómo trabajar con política pública.” Y pensar desde ese lugar que todos tenemos algo para aportar y que esa sea nuestra motivación: “¿qué puedo aportar yo para tener una Argentina mejor?”. Al final, la solución está de la mano de lo público y lo privado juntos, no separados, y nosotros somos un nexo para que eso ocurra.


¿Y vos qué creés que te dejó este programa a nivel personal y profesional?


Yo creo que lo primero, y que tiene que ver con la política pública, fue tener un producto real y ver que era posible. En otras experiencias o equipos, trabajábamos en algo mucho más académico; realmente no sabíamos si iba a poder implementarse y era meramente parte del ejercicio de la capacitación. O necesitabas que saliera un proyecto de financiamiento para poder implementarlo. En este programa finalizás con un producto más concreto.


Es verdad que hay probabilidades de que efectivamente no salga, pero tenés la posibilidad de hablar con un legislador que vea tu proyecto o ir a la Secretaría de Industria y ver qué pueden aportar desde ahí. Tiene una bajada mucho más territorial y genera redes de contacto.


También el programa me abrió las puertas a otras instituciones. Un ejemplo puntual: en ese momento estábamos hablando de recursos naturales y del tema de las mineras. Yo estaba haciendo un trabajo para mi maestría sobre la explotación del litio y el impacto ambiental en las comunidades indígenas. En ese momento no conocía la fundación que había hecho la presentación en el CFI. Yo necesitaba hacer una entrevista, así que le escribí a mi tutora y le dije: “Che, esta persona que dio la clase me gustó, yo estoy haciendo un trabajo.” Me dieron el mail, le escribí, nos esperó en la fundación en Buenos Aires, hizo la entrevista y nos corrigió el trabajo. Estuvo bárbaro. Y todo salió del CFI.


De hecho, cuando llegué a la Semana de Integración Federal, me encontré con muchos chicos que después iban a participar del País Federal de FURP (Fundación Universitaria del Río de la Plata). Entonces yo ya conocía a gente que iba a ver en el otro programa, podía ir viendo de qué trabajaban. En ese sentido, estuvo muy bueno.


Para terminar, ¿Qué consejos o recomendaciones darías a quienes estén interesados en aplicar este año?


Creo que, en primer lugar, es preguntarse: “¿Qué aporto yo para una Argentina mejor?”. Esa es la pregunta central. Pensar cuáles son los obstáculos que tenemos como país, desde todos los niveles y qué soluciones podríamos darle.


Como te dije, en el programa trabajamos distintos temas: gestión hídrica, energética, cómo podemos mejorar el vínculo entre gobiernos locales y provinciales, o incluso pensar: “Tenemos minas, estamos vendiendo recursos al mundo, ¿cómo podemos aprovecharlos? ¿Hasta qué punto estamos perjudicando al ambiente?”


Prepararse para enfrentarse a ese tipo de preguntas es clave. Por otro lado, algo que a mí me generaba un poco de miedo era: “¿Mi empleador me va a hacer una carta de recomendación para que yo falte al trabajo?” Bueno, no: se trata de hacerle entender que en realidad es una oportunidad.


Por ejemplo, en la Semana de Integración, durante la sesión de networking, yo estaba en el IFG y la primera pregunta era: “¿Dónde trabajás?” Yo respondí: “En un instituto que hace formación para funcionarios públicos…” y automáticamente ya me dieron contactos para pensar proyectos en conjunto.


O sea, también es una oportunidad para el espacio que representás. Terminas siendo un embajador de tu lugar de trabajo.



Si llegaste hasta acá y te interesa aplicar a este programa, las inscripciones están abiertas hasta el 18 de febrero. ¡No te quedes atrás y empezá desde ahora a preparar tu postulación, especialmente para asegurarte de tener las cartas de recomendación a tiempo!


Además, podés encontrar más oportunidades de profesionalización a nivel nacional en nuestra base de Pharos Lab Nacional, y oportunidades académicas internacionales en nuestra base de Pharos Lab Internacional.


Más información sobre el programa. https://cfi.org.ar/escuela






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