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Mujeres que inspiran: Cintia, la diseñadora argentina que llevará su talento a uno de los eventos de moda más importantes del mundo


En conmemoración al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, compartimos la historia de Cintia Durán, diseñadora de alta costura de la localidad de Colonia Caroya, en la provincia de Córdoba. Con esfuerzo, perseverancia y pasión por su oficio, hoy se destaca en su campo y fue la ganadora del concurso de diseño realizado en el programa de Juana Viale en televisión. Próximamente, Cintia dará un nuevo paso en su camino profesional al participar en uno de los eventos de moda más importantes del mundo, en España.


Leé más para conocer su historia, descubrir cómo una oportunidad puede cambiar el rumbo de una vida y encontrar algunos tips para emprendedores y para quienes sueñan con dedicarse al mundo del diseño de indumentaria.


Para empezar, contanos un poco sobre vos y a qué te dedicás.


Soy Cintia Durán, diseñadora de Alta Moda. Estoy casada hace 14 años. Tengo dos hijos, Mateo de 12 años y Olivia de 8. Tengo mi atelier aquí en Colonia Caroya. Acá estoy trabajando full time. Me dedico también a ser mamá 100% también.


¿Cómo nació tu pasión por el diseño? ¿Es algo que te acompaña desde chica?


Yo tengo pocos recuerdos de mi niñez y uno de los recuerdos que sí tengo muy marcado es que cuando tenía unos 8 años hice un dibujo de Claudia Schiffer.


Imaginate: yo tengo 40 años ahora y la juventud va a preguntar ¿Quién es Claudia Shiffer? (super modelo alemana). Pero en ese momento dibujé un boceto de ella con su pelo rubio recogido en un rodete y un vestido rojo muy de princesa, con un estilo bastante victoriano.

Ese dibujo quedó muy grabado en mi memoria. Mi mamá lo guardó y yo siempre lo tuve muy presente a lo largo de mi vida. 


También desde mi niñez, a todo el mundo les decía: “cuando estudie, yo quiero ser empresaria”, les decía, “pero yo quiero ser empresaria de la moda. Yo quiero ser una gran diseñadora”.


¿Estudiaste diseño de inmediato al terminar la escuela?


Cuando terminé la secundaria mi familia no quiso, por así decirlo, no me apoyó al 100% apenas salí de la secundaria. Mi hermano me dijo que lo mejor era estudiar algo de empresa. Así que bueno en el año 2004 empecé a estudiar recursos humanos, nada que ver a lo que yo realmente quería hacer. Y bueno, y ahí hice 2 años en el IES, estudié recursos humanos y no me gustaba. Económicamente mi familia no podía tampoco enfrentar los gastos también de esos estudios. Entonces comencé a trabajar. 


Mi primer sueldo fue salir de shopping con mis amigas y en esa salida justamente de shopping en Córdoba, me encontré con ISDA, el Instituto Superior de Diseño y Arte. Me presenté simplemente para preguntar qué es lo que podía hacer para inscribirme, cómo era y ahí me dicen que estaba avalado por la Universidad de Morón. En ese entonces lo avalaba también la firma de Roberto Piaza al instituto. Entonces pregunté qué necesitaba y bueno, vine a mi casa, busqué mi analítico de la secundaria y sin decirle una palabra a nadie, me fui y me anoté.


Se enteraron cuando volví de la facultad le dije a mi mamá, "El lunes empiezo la facultad de diseño y arte y bueno, y me lo pago yo con mi trabajo." Entonces mi mamá me miró,

sonrió y me dijo: "Bueno, hija, después de todo es lo que siempre quisiste." Esas fueron sus palabras nomás. Así que bueno, empecé ahí a estudiar y además trabajaba por la mañana de repositora externa para las empresas lácteas de Windy de la zona.

 

Todo lo que yo ganaba era muy poco y ahora siento que se me va quebrando la voz porque empiezo a recordar y muy pocos sabían del esfuerzo que yo hacía.  Simplemente trabajaba por la mañana, cursaba la tarde y a la noche estudiaba o hacía los trabajos prácticos que tenía que entregar al otro día. No salía, no gastaba nada más que en la facultad. Fueron 3 años y la verdad que la etapa de la facultad fue para mí la más maravillosa que tuve en mi vida. Conocí a gente maravillosa, a mis profesores maravillosos, con quienes tengo contacto hasta el día de hoy.


Para quienes están pensando en seguir ese camino, ¿Cómo es estudiar diseño de indumentaria? ¿Cómo era la estructura de la carrera en la época en que vos la cursaste?


No sé si habrá cambiado ahora la modalidad, pero nosotros cursábamos y teníamos todo lo que era teórico. Práctico, teníamos algo, pero por lo general lo práctico lo hacíamos en casa porque no contábamos con muchas horas ahí para cursar.


También nos dieron herramientas como el idioma, teníamos moldería también, técnico textil y todo lo que eran las telas, las fibras, y la parte que a mí más me gustaba era la parte de creatividad, la parte del bordado en pedrería. Yo soy muy de los brillos y eso era lo que más me motivaba, la parte de bordado de pintura. Pero en realidad te daban todo, te daban también la parte de cómo poner precios y marketing. Eso es una parte fundamental. 


Para quienes no están tan familiarizados con el mundo de la moda, ¿Cuál es la diferencia entre una diseñadora de indumentaria y una modista?


En diseño de indumentaria se tiene una formación más integral, que también incluye la parte de negocios. Si tuviera que marcar una diferencia entre los distintos roles, empezaría por las costureras.


Las costureras son personas que saben coser y tienen un buen dominio de las máquinas. Generalmente trabajan sobre prendas cuyos cortes ya están hechos: reciben las piezas y se encargan de coserlas. Dentro de ese rubro también están las costureras de casa, que saben hacer arreglos o remiendos.


Después tenemos las modistas. Ellas ya suelen tener un poquito más de conocimientos de moldería básica: pueden hacer un patrón, cortar la prenda y confeccionar un diseño que ya está establecido.


Por otro lado está la diseñadora. Dentro del diseño también hay distintos caminos. A mí me tocó el más difícil, porque tuve que aprender a hacer todo desde cero: coser, cortar y confeccionar, ya que no contaba con un taller que trabajara para mí.


Hay diseñadores que no saben cocer o estan bien económicamente y prefieren pagar a un taller para que les haga sus propios diseños. Para el diseñador no es obligatorio saber coser, pero sí es algo esencial para el buen diseñador. Un diseñador que envía una prenda a un taller debería poder reconocer si está bien o mal confeccionada.


Ahí está una de las grandes diferencias con el modisto: el diseñador crea. Por ejemplo, yo puedo analizar a la persona para la que voy a diseñar, entender sus gustos y pensar algo específico para ella. Pero también puedo crear a partir de una inspiración: una canción, un perfume, un aroma, una comida. El diseño no necesariamente parte de una persona concreta.


Después de terminar el instituto y recibirte, ¿Cómo siguió tu camino? 


No, hubo un tiempo largo, un par de años. Si bien me recibí, después de hacerlo tomé un curso aparte con Claudio Barzábal en su atelier de bordado en pedrería, que es en lo que más me especialicé. Después también estudié con María Fernanda Bar, otra diseñadora y profesora mía que conocí en el instituto. Con ella hice todo lo que es bordado hindú y también bordado mexicano.


Cuando me recibí, en realidad, ese último año me puse de novia y a los dos años me casé. Después vinieron mis hijos. En ese momento yo estaba trabajando: seguí un tiempo como repositora, tenía un sueldo fijo, y mi esposo también tenía su trabajo. Entonces los dos estábamos medianamente estables. Por eso no estaba tan decidida a decir: “Dejo todo y me dedico al 100% a esto”, que en realidad era lo que siempre había querido.


Igualmente hacía algunos diseños para clientes, amigos o parientes. Todo era muy de boca en boca, pero era algo muy tranquilo, muy de a poco.


Yo me recibí en el año 2009. Después, en 2017, nació mi última hija. Tengo dos: Olivia, que en 2018 cumplió un año. En ese momento dejaron sin trabajo a mi esposo. Para entonces yo ya estaba trabajando con una colega acá en Colonia Caroya, una diseñadora llamada Mariela Vivas.


Trabajé con ella casi cuatro o cinco años en su taller, y ahí también aprendí muchísimo. Me sirvió para formarme en la parte más práctica del trabajo en un taller, como tallerista. Fue una experiencia muy importante, porque pude ver de cerca cómo funciona tener un taller propio.


Antes de eso también había trabajado en una tienda de ropa. A mí siempre me gustó mucho la atención al cliente. Hoy lo pienso y siento que, sin darme cuenta, todos esos trabajos me fueron preparando para lo que hoy quiero hacer y hacia dónde quiero ir. Porque, en realidad, siento que esto recién empieza.


En ese momento pude adquirir algo más de experiencia, pero cuando a mi marido lo dejan sin trabajo, yo estaba empleada como costurera. Mi sueldo no era como diseñadora. Entonces nos encontramos con la situación de preguntarnos: “¿Qué podemos hacer ahora?”, porque no teníamos nada. Cuando tenés dos hijos chicos y no hay ingresos, la cabeza empieza a pensar en qué herramientas tenés y qué se puede hacer para salir adelante.


Ahí fue cuando dije: “Tengo que empezar con lo mío”. Yo ya había dejado de trabajar en el taller porque, con mi nena chiquita, se me hacía muy difícil ir a trabajar o dejarla en la guardería. Entonces decidí empezar a trabajar por mi cuenta. Y justo en ese momento empezó la pandemia.


Fue un golpe muy duro para todos. Durante ese tiempo a mi marido lo volvieron a llamar para trabajar en otro supermercado, así que él podía salir de casa, siempre con todas las precauciones. Yo, mientras tanto, empecé a hacer barbijos. Un compañero de él, que era jefe, me preguntó si podía hacerle algunos. Le dije que sí. Cuando me preguntó cuánto costaban, le dije que nada, que se los regalaba. Sentía que, si él se cuidaba, también estaba cuidando a mi esposo, y si mi esposo se cuidaba, nos cuidaba a nosotros. Era como una cadena.


Después una amiga que trabajaba en salud, en un centro de diálisis, me dijo: “¿Podés hacer barbijos? Hay personas mayores que vienen tapándose con bolsas”. Entonces empecé a hacer barbijos para regalar. Con el tiempo me fui quedando sin insumos, pero mucha gente no quería recibirlos gratis y me decía: “Por favor, quedate con esto”. Entonces yo les pedía que, si tenían elástico o algún pedazo de tela en casa, me lo acercaran para poder seguir haciendo más.


Así fue surgiendo todo. Después empezó a pasar que en todos lados se hacían barbijos, y yo sentía que no podía quedarme solo con eso. Entonces empecé a “enchularlos”, a darles un diseño diferente. Ahí también empecé a venderlos, porque ya tenían otro valor. Yo siempre decía: soy diseñadora y me especialicé en bordado en pedrería. Cuando algunas chicas empezaron a salir o a casarse durante la pandemia, cuando se levantaron un poco las restricciones, empecé a bordar barbijos con piedras. Algunos tenían pedrería, otros bordados en hilo. En la iglesia a la que voy, por ejemplo, algunos músicos me pedían con notas musicales bordadas.


En medio de ese proceso llegó una chica que quería casarse. Todo esto yo lo hacía desde mi casa, a puerta cerrada. Cuando empecé a trabajar con ella en su vestido de novia, me di cuenta de que no podía seguir trabajando así. Mi casa era muy chica, el lugar que alquilaba era chico, y dije: “Necesito un espacio”. Ahí empezamos a buscar la posibilidad de abrir mi primer local.


Lo abrí hace cinco años, en plena pandemia, en 2020. Y empecé literalmente sin nada. Tenía lo justo para pagar el alquiler del mes. Las únicas herramientas que tenía eran mis máquinas, que mis papás me habían regalado mientras estudiaba. Me llevé una silla de mi casa porque no tenía ni mesa. Cuando abrí el local, mi hermana —que vive en el exterior— me dijo: “Llevate la mesa y la silla, que yo te regalo una mesita”. Ni siquiera era una mesa de corte; todavía la tengo. Es una mesa chiquita, de aproximadamente 90 por 120. Imaginate cortar un vestido de novia ahí arriba. Muchas veces terminaba trabajando en el piso.


Así empecé, trabajando mucho y produciendo. Había mucha gente que quería ayudarme, de corazón. Y también estaban quienes te daban consejos con buena intención, pero que si los escuchás te pueden desviar. Por ejemplo, mi hermano, que tiene caballos criollos, me decía: “Hacé mantas para caballos o ropa de gaucho, eso se vende más”. Otros amigos me decían que hiciera uniformes. Todos lo decían pensando en lo económico.


Pero cuando tenés una pasión fuerte adentro, claro que la parte económica importa, porque es necesaria, pero también sentís que tenés que seguir esa voz interior. Y yo tenía muy claro que quería hacer vestidos de fiesta. Entonces decía: “No, yo no hago uniformes. Yo hago vestidos de fiesta. No hago mantas para caballos. Hago vestidos de fiesta”.


Mantener ese enfoque, no desviarme de hacia dónde quería ir, es lo que me llevó a donde estoy hoy. Ese primer local que en un momento me parecía grande, a los tres años me quedó chico. Me mudé al que tengo ahora, donde en septiembre de 2025 voy a cumplir tres años, y hoy también siento que ya me está quedando chico. Así fue todo el proceso: ir creciendo, paso a paso, pero siempre con el foco claro de hacia dónde quería llegar.


Cintia en el desfile regional "Moda y Glam" edición 2025
Cintia en el desfile regional "Moda y Glam" edición 2025

¿Dirías que eso es lo más importante a tener en cuenta al momento de emprender en este rubro? ¿Qué otros aspectos considerás clave? ¿Qué consejos le darías a alguien que quiere empezar?


Yo siempre digo que todo es cuestión de paciencia, pero también de mucha dedicación y de no perder el foco. Si uno tiene claro lo que quiere hacer, es importante sostener ese rumbo.


Muchas chicas me preguntan y me dicen: “Mirá, quiero estudiar diseño de indumentaria”. Y yo siempre les explico que el diseño de indumentaria es un poco como la medicina. Cuando vos te recibís de médico, después tenés un abanico enorme de posibilidades: podés dedicarte a pediatría, a geriatría, a clínica, a traumatología, entre muchas otras especialidades.


Con el diseño pasa algo parecido. Cuando te recibís de diseñadora, después podés orientarte hacia distintos caminos: el diseño de vestidos de fiesta, la alta moda o alta costura, entre otras áreas. Cada uno va encontrando su propia rama y el lugar donde quiere desarrollarse.


Yo siempre les doy un consejo a las chicas que quieren estudiar esto. Hay muchas que ya tienen un estilo muy marcado, muy personal, y eso está buenísimo. Cuando alguien ya tiene algo claro en la cabeza, una mirada propia, creo que tiene que explotarlo al cien por ciento.


En mi caso, por ejemplo, soy bastante formal, pero me gustan mucho los brillos. Como te decía al principio, me atrae mucho esa parte de la moda. No tanto seguir la moda del momento, sino más bien lo clásico. Me identifico mucho con estilos de otras épocas, como lo victoriano. Me encantan los vestidos de fiesta grandes y también disfruto mucho de la parte artística. Me inclino mucho por lo artesanal: prefiero hacerlo yo misma antes que comprar algo ya hecho.


A quienes quieren estudiar diseño de indumentaria también les digo que es importante descubrir a qué se quieren dedicar realmente y enfocarse en eso. A veces pasa que alguien se dedica a la confección o a ser modista y hace de todo: ropa para niños, para adultos, ropa deportiva… un poco de todo. Pero cuando uno hace tantas cosas a la vez, a veces no logra destacarse en ninguna en particular.


Para destacarse en algo, creo que es clave la perseverancia. Tal vez el primer vestido no te salga como querías, pero el segundo va a salir un poco mejor, el tercero mucho mejor, y así sucesivamente. Es cuestión de práctica y de experiencia, de volverte experto en algo específico.


Tampoco hay que tenerle miedo a los errores. Yo cometí muchísimos y todavía a veces hago las cosas con miedo. Pero siempre digo que hay que hacerlo igual, aunque haya miedo.


No me considero la mejor diseñadora, para nada. Sé que hay muchas personas muy talentosas. Pero trato siempre de mantener la mirada puesta en mi objetivo y de superarme. Creo que eso es lo que tenemos que buscar como emprendedores o como personas que quieren emprender: tratar de ser cada vez mejores en lo que hacemos. No importa si hay otros haciendo algo parecido; lo importante es encontrar la forma de hacerlo mejor. 


¿Cómo surgió la oportunidad de participar en el concurso de Juana Viale? ¿Cómo fue tu experiencia en ese proceso?


En realidad, me enteré porque una amiga vio la publicación en Instagram y me la envió. Me dijo: “Tenés que participar”.


Como te contaba antes, soy una persona muy creyente. Por experiencias personales, trato siempre de preguntarme qué es lo que Dios quiere para mí. Entonces suelo hacer una oración y decir: “Si esto es para mí, que se abran las puertas; y si no lo es, que no se den las cosas”. 


Así que, de alguna manera, le pedí una señal sobre si debía participar en este concurso. Y lo que pasó después fue muy fuerte: empezaron a explotarme las redes, el teléfono, todo. Muchísima gente, amigos, conocidos e incluso personas que no conocía, comenzó a escribirme para decirme que tenía que presentarme. Yo me sorprendía y pensaba: “¿Cómo saben de esto?”. Fue muy loco. Entonces lo tomé como una señal y decidí participar.


En ese momento llamé a mi community manager y le dije: “Lu, voy a participar de este concurso y necesito hacer el video de presentación”. Entre los requisitos había que enviar un video y también un boceto de un diseño inspirado en Juana y en Mar del Plata, para el programa que se graba allí.


Antes de grabar el video, primero me puse a diseñar. Hice el boceto y, otra vez, volví a hacer mi oración. Puede sonar repetitivo, pero es parte de mi proceso: le pedí a Dios que me mostrara un diseño hermoso. Esa misma noche soñé el vestido. En el sueño veía a una mujer corriendo por un campo; se daba vuelta y llevaba una falda amplia, muy vaporosa, con mucho movimiento.


Al día siguiente vine al taller, me encerré en el atelier y me dije: “Bueno, ya lo soñé. Ahora hay que dibujarlo”. Me senté y empecé a bocetar. Hice dos diseños. Uno de ellos, en realidad, era parte de una idea que tengo para una futura colección que se va a llamar “El Universo”. Era más bien un vestido de noche, de fiesta, y no tenía tanto que ver con la inspiración en Mar del Plata.


El otro, en cambio, sí conectaba con esa idea. Por eso elegí ese tono celeste. Busqué un color que recordara al mar y a la atmósfera de Mar del Plata.


También empecé a trabajar la idea de las flores. A mí me apasionan las flores hechas a mano en tela; siempre trato de incorporar algún detalle floral en mis diseños. Por ejemplo, el año pasado hice un vestido para Ingrid Grud que se llama Florece, completamente trabajado con rosas: tenía 75 flores.


En el caso de este vestido, el “Jardín del Edén”, si no me equivoco, tiene alrededor de 20 flores y más de 300 pétalos hechos completamente a mano.


Vestido "el Jardín del Edén"
Vestido "el Jardín del Edén"

Una vez que presentaste el vestido, ¿Cuánto tiempo tardaron en darte una respuesta? ¿Hubo una etapa de preselección antes de la selección final?


Primero había que enviar el video de presentación y el dibujo, es decir, el boceto del diseño. Esa fue la primera etapa, hasta donde te conté antes. Después me avisaron que había quedado seleccionada: éramos ocho semifinalistas.


La siguiente instancia consistía en materializar el vestido que habíamos dibujado. Tenía que ser exactamente el diseño del boceto; eso lo dejaron muy claro desde el principio. Ellos habían elegido esos dibujos, así que debían concretarse tal cual estaban planteados. No podíamos hacer otro diseño ni modificarlo.


Recuerdo que nos avisaron un viernes. Ese lunes era feriado y yo todavía no tenía los materiales, así que recién el martes pude ir a Córdoba a comprar todo lo necesario para empezar a hacerlo. Este fin de semana, además, estaba con mucho trabajo. Gracias a Dios tenía muchos encargos por los egresos y la semana siguiente; estaba haciendo cuatro o cinco vestidos por semana. Aun así, tenía que avanzar con el vestido del concurso y enviarlo a Buenos Aires.


Cuando averigüé cómo funcionaba el envío desde acá, me dijeron que tardaba varios días. Si lo mandaba el jueves, con suerte llegaba el lunes. Y justamente ese lunes 15 de diciembre era el último día para recibir los vestidos. No me podía arriesgar a que no llegara. Me dio bastante miedo esa posibilidad.  Las fechas eran muy justas, aunque es verdad que la organización fue flexible y nos extendió algunos días. Aun así, yo tenía muy poco margen. 


Por eso todo fue bastante a las corridas. Después, cuando se vio el vestido, hubo gente que decía: “Es un diseño sencillo”. Pero la realidad es que no teníamos tiempo. Todas hicimos lo que pudimos con los plazos que había. Si yo hubiese podido dedicarme exclusivamente al vestido para Juana Viale, te aseguro que en un día lo hacía, porque soy muy rápida para trabajar y me apasiona materializar las ideas. El problema es que al mismo tiempo tenía que cumplir con mis otros compromisos.


Finalmente logré terminarlo, pero no quise correr el riesgo de enviarlo por correo. Así que el domingo 14 de diciembre a la noche me tomé un colectivo a Buenos Aires con el vestido en la mano, en su percha. Llegué a las siete de la mañana y ya estaba lista para entregarlo.


Fueron días de muchos nervios, pero por suerte, todo salió todo bien.


Cintia y Juana Viale en el programa de televisión "Almorzando con Juana"
Cintia y Juana Viale en el programa de televisión "Almorzando con Juana"

Después de haber ganado este concurso, ¿Cómo sentís que cambió tu vida, tanto a nivel personal como profesional?


La verdad es que hay muchas cosas que amigas mías me dicen: “¿Vos no te das cuenta?”. Y no, sinceramente todavía no termino de caer. Yo sigo siendo la misma de siempre y sigo con un montón de proyectos e ideas.


Mi vida es así: siempre estoy pensando en algo nuevo, en algún plan o en una meta. Cumplo un objetivo y enseguida aparece el siguiente. Es como una cadena que nunca se corta.


Hoy hay mucha gente que me felicita o que me dice: “¡La diseñadora famosa!”. Pero yo no me considero famosa, la verdad. Siento que todavía falta muchísimo para eso. Lo que sí siento es que logré algo que siempre quise: que la gente hable de mí, que hablen de Cintia. Siempre digo que, sea para bien o para mal, el objetivo es que la gente hable.


Ahora vas a estar viajando a España este año ¿Nos querés contar un poco más de qué se trata esta nueva oportunidad?


El año pasado quedé seleccionada para representar a Argentina en un concurso que organiza Moda Visión. Es una especie de fundación de España que premia a diseñadores emergentes de todo el mundo; podríamos decir que es como un “mundial” de diseñadores emergentes. Cuando surgió la oportunidad pensé: “Qué lindo, qué bueno”. Pero, como siempre tengo muchas cosas en la cabeza, fui priorizando metas y fechas.


En ese momento estaba con los vestidos de egresados, así que me dije: “Termino con los egresos y arranco con lo de España”. Pero cuando terminé con los egresos apareció lo del concurso de Juana Viale. Terminó lo de Juana Viale y ahora estoy con Moda y glam, el desfile que se va a hacer en Sinsacate con la presencia de Roberto Piazza. Además, soy miembro de la comisión de la Cámara de Comercio de Jesús María, así que participo no solo como diseñadora sino también en la organización. Entre eso, el viaje a España, la familia, los niños y mi marido, son muchas cosas al mismo tiempo.


El tema es que participar en España tiene un costo importante. El evento es en Castellón de la Plana, en el Mediterráneo, y requiere una inversión grande: el pasaje, la participación, la estadía, la comida, los traslados… Además, tengo que llevar alrededor de 15 vestidos, que tengo que diseñar y confeccionar yo misma. Y hoy no cuento ni siquiera con sponsors para comprar las telas o los materiales.


Haciendo cuentas, calculo que necesitaría reunir alrededor de 6.000 dólares para poder cubrir todo. Es un dinero con el que realmente no cuento


Por eso surgió la idea, entre amigos, conocidos y también desde la Cámara de Comercio, de empezar a mover cielo y tierra para hacerlo posible. La semana pasada grabamos un video pidiendo apoyo a la gente. La verdad es que me da muchísima vergüenza, porque es la primera vez en mi vida que pido ayuda. Subí un video a Instagram y otro a TikTok hace un par de días, y ahora estoy preparando otro más.


La idea es que, si muchas personas colaboran con un pequeño aporte, yo pueda empezar a reunir lo necesario para comprar los materiales y comenzar a trabajar en los vestidos. Porque una vez que tenga eso, podría dedicarme de lleno a crear la colección para llevar a España.


Y para mí eso es muy importante, porque esos vestidos no son solo diseños. Cada uno tiene que contar una historia. Los diseñadores trabajamos mucho desde ahí: desde la inspiración, desde el concepto. Y en este caso yo voy a estar representando nada más y nada menos que a Argentina.


Por eso quiero que mis diseños cuenten algo de nuestro país: de nuestra identidad, de nuestra cultura. Va a ser Argentina vista a través de mis diseños… pero también a través de quién soy yo: una diseñadora de Caroya, con su historia, su camino y su manera de crear.


¿Qué consejo le darías a alguien que quiere estudiar diseño de indumentaria, o que siente pasión por la moda pero todavía no se anima a dar el paso? Muchas personas tienen ese interés, pero a veces les cuesta decidirse o empezar


Algo que a mí me gusta mucho, y que he aprendido a lo largo de la vida, es la idea de sembrarse en otras personas. Las personas que han sido referentes para mí siempre me enseñaron eso: que lo valioso es poder sembrar algo en otros. A mí me encanta poder hacerlo, poder ser, como siempre digo, un canal de bendición para quienes lo necesitan.


Hay mucha gente que tiene miedo, y yo siempre les digo que el miedo va a estar. Dicen que el miedo paraliza, pero yo soy de las que piensan que, si tenés miedo, igual hay que hacerlo. Hacelo con miedo, pero hacelo.


Si hay jovencitas, mujeres más grandes o chicos que sienten que quieren dedicarse a la moda, creo que primero tiene que haber algo que realmente se sienta adentro. Porque no es solamente decir: “Me gusta vestirme bien”. Es algo más profundo, es una pasión. A veces incluso puede ser un talento que todavía está oculto y que hay que descubrir, trabajar y educar.


Por eso siempre digo que capacitarse es muy importante. No se trata solo de hacer por hacer. Hay que estudiar, formarse, buscar herramientas para seguir creciendo. Y también entender que el título no es el final del camino. En esta carrera, al menos en mi caso, es un aprendizaje constante.


A mí me toca hacer todo desde cero. No tengo un equipo grande ni talleres a los que les mando los diseños para que los materialicen. Yo diseño, corto, coso y hago todo el proceso. Entonces, para quienes sienten que quieren dedicarse a esto pero quizá no tienen todos los recursos, mi consejo es que busquen la manera de capacitarse y sigan adelante.


Errores se cometen muchísimos. Miles. Y uno sigue cometiendo errores todo el tiempo. Pero justamente de los errores es de donde más se aprende. Lo importante es seguir adelante y hacerle caso a esa pasión, a ese fuego interior que te dice: “Esto es lo que quiero hacer.”


Eso no tiene precio. Hoy tengo la posibilidad de trabajar de lo que amo. Soy mi propia jefa. Muchas veces hasta me debo sueldos, porque reinvierto constantemente en el atelier y en mi formación. Porque en esta profesión uno nunca termina de aprender. Los tiempos cambian, las tendencias cambian, y siempre hay que seguir capacitándose, buscando nuevas herramientas y nuevos recursos.


Así que a quienes quieran estudiar diseño de indumentaria, simplemente les diría: anímense y vayan detrás de sus sueños. Y si en el camino descubren que no era exactamente eso lo que querían, tampoco pasa nada. Pero sigan detrás de ese sueño.



Si te interesa seguir a Cintia en Redes Sociales, y/o ayudarla a llegar a seguir con este sueño y llegar a España, te dejamos su Instagram.


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